MIEDO A VOLAR Y EMDR


 El miedo a volar suele desarrollarse bien, por una experiencia negativa en un vuelo (no tiene por qué ser abordo del avión, puede suceder en el embarque o de camino al aeropuerto) o bien, por la noticia de una catástrofe aérea reciente.

Pero quienes trabajamos la Aerofobia sabemos, que detrás de este miedo  pueden existir experiencias traumáticas quizás no tan recientes, y no siempre relacionadas con la experiencia de volar.

 

En nuestra trayectoria profesional, hemos encontrado casos donde la muerte de un familiar en accidente de coche se encontraba detrás del miedo a volar. O, como en otro caso, quedarse encerrado en un ascensor  hizo que se desarrollara  años más tarde, el miedo a volar.

 

Lo cierto es que debajo de este miedo, se encuentra una intensa sensación de “no control” que a su vez genera una intensa sensación de “no seguridad” y que terminará manifestando numerosos signos somato-sensoriales, emocionales y  creencias como que “algo terrible me va a ocurrir” o “no me siento a salvo”.

Podemos encontrar también detrás del miedo a volar, otras fobias como la claustrofobia (fobia a los espacios cerrados),  a la acrofobia (fobia a las alturas) y también episodios previos de ataques de pánico.

 

 

 

 

Un 10% de la gente presenta un miedo intenso a volar y prefiere otro

medio de transporte.

 

 Cerca de un 15% vuela con considerable malestar.

 

Los fóbicos a volar pueden representar el 3,5%

de la población adulta y no vuelan nunca

 

 

 

CONSECUENCIAS DEL MIEDO A VOLAR

 

Cuando se acercan las vacaciones, para algunas personas es una tortura el simple hecho de planificar un viaje en avión. En ocasiones solo pensar en ello activa el miedo. Y es que una experiencia tan normalizada  como volar, se convierte en un imposible para muchas personas.

 

Este miedo les lleva a renunciar a ciertos destinos, lo que repercute no solo en su ocio sino en el de sus acompañantes.

 

Y no digamos cuando el miedo a volar se instala en personas que por su ocupación y trabajo deben tomar vuelos con frecuencia. Entonces, este mal se convierte también en un problema laboral.

 

En muchas ocasiones, puede incluso comenzar de forma repentina, después de cientos de horas de vuelo, lo cual se vuelve aún más inexplicable y ansiógeno para la persona que lo padece.

 

 ¿Qué está ocurriendo Por dentro?

Nuestro cerebro está preparado para avisarnos de cualquier peligro que se avecine. Es una respuesta automática, biológica y que compartimos con el resto de los animales.

Es lo que llamamos Respuesta de Alarma. Son varias estructuras cerebrales las que participan en esta respuesta y una vez que se pone en marcha no es tan fácil detenerla.

 

Esta respuesta de alarma es la causante de que sintamos palpitaciones, respiración agitada, tensión muscular, sensación de mareo o vértigo, nudo en el estómago, sensación de falta de aire, etc…. Aunque son sensaciones que asustan a quien las padece, en realidad, lo que está ocurriendo es que nuestro cerebro nos está preparando para luchar o huir ante “ese peligro”.

 

En realidad, es una respuesta biológica y automática ante situaciones que el cerebro interpreta como de riesgo vital. Siempre explicamos a nuestro  pacientes, intentando poner un toque de humor,  que es una señal de que el sistema nervioso funciona estupendamente.

 

A veces, un pequeño suceso estresante al volar, como turbulencias más intensas de lo acostumbrado, algún problema al despegar o aterrizar, permanecer un tiempo de espera prolongado dentro  del avión, pueden desencadenar esta respuesta de alarma y conectar con la sensación de “no control”, “no estoy  a salvo”, con la emoción de miedo y con todas las sensaciones corporales asociadas ello.

 

El problema viene cuando esa respuesta, que en principio es natural, se instala erróneamente en la persona y se generaliza a la experiencia completa de volar. Es como si nuestro Sistema de Alarma se hubiese hipersensibilizado para cualquier estímulo que tenga que ver con volar.

 

Se pueden desarrollar diversos tipos de miedos. Miedo a sufrir un accidente y morir, miedo a pasar miedo en el vuelo, miedo a la altura, miedo a estar encerrado, miedo a sufrir una crisis de pánico durante el vuelo…

 

 ¿Cómo vencer el miedo a volar?

Volar es considerada una de las formas más seguras de transporte. Es mucho más seguro que conducir un automóvil, y sólo hay que consultar las estadísticas para saberlo.

Pero el miedo a volar no es racional, por eso la información sobre la probabilidad de accidentes o cualquier otro argumento de este tipo no consiguen tranquilizar a la persona que lo padece. 

 

Cuando el miedo a volar se convierte en fobia, la persona que la padece no podrá viajar en avión. Si los síntomas son relativamente soportables y finalmente si la persona puede subir al avión recurrirá a medicamentos o bebidas alcohólicas como recurso para sobrellevar el vuelo. 

EMDR como tratamiento del Miedo a volar

EMDR es un abordaje terapéutico que trata la base del Miedo a Volar.  Y esto es así porque trabaja tanto con las sensaciones corporales, como con las emociones y las creencias asociadas a los recuerdos implicados en dicha fobia.

 

Con EMDR desensibilizamos y reprocesamos la información disfuncionalmente almacenada en las redes de memoria para convertirla en una información adaptativa.

 

Cuando un evento es traumático, nuestro cerebro va a guardar la experiencia disgregada o desintegrada, porque el clima físico-químico en el que se encuentra nuestro cerebro en ese momento, no permite la integración de dicha información en un todo comprensible. Esa falta de integración de la información, mantiene activadas las redes neuronales implicadas y esto hace que el Sistema de Alarma permanezca activado o se active con facilidad.

 

Con el abordaje EMDR se consigue volver a integrar toda esa información, produciendo un reprocesamiento saludable, que “desactiva” la respuesta de alarma innecesaria. Además instala recursos que devolverán a la persona la experiencia de seguridad y calma.

 

El tiempo para resolver una fobia a volar dependerá de las experiencias previas y de la intensidad de la fobia, pero en los casos más leves podrá resolverse entre 4 o 6 sesiones. Es necesario realizar una valoración completa de la persona para identificar toda la información relevante que influye en la fobia, y después de instalar recursos, comenzar la desensibilización y el reprocesamiento de la información, hasta que desaparezca el miedo.

 

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